martes, 18 de diciembre de 2012

Diario de... Mercedes Milá




No sabía cuál de los muchos vídeos de Diario de debía escoger para ilustrar mi texto, pues considero que muchos de ellos son un ejemplo válido para mi reflexión, pero finalmente me he decantado por un vídeo titulado “Hablamos con otras cuatro chicas entrevistadas en el falso centro de fisioterapia.

La verdad es que yo no presto mucha atención a la TV pero hace un tiempo, haciendo zapping, me topé con este programa (que no este caso) y decidí verlo. Era la primera vez y cuando terminó no sabía cómo sentirme. Por un lado, me pareció muy interesante. Por otro, desconfiaba por completo de lo que había visto. El planteamiento es el de un periodismo de investigación, serio, formal, comprometido, que busca defender a los afectados y que quiere denunciar los hechos injustos que retrata. El motivo es bueno y creíble; la forma, en mi opinión, deja mucho que desear. Para mi es una muestra de mal periodismo o, quizás, de un periodismo no del todo correcto.

Mi intención no es en absoluto criticar, como he dicho, la motivación de Diario de. Los casos expuestos son duros y reales, y está bien que un medio lo saque a la luz. Pero también es cierto que en los vídeos que he estado ojeando, el sensacionalismo del comportamiento humano es lo que más reluce de todo lo que enseñan. Para de ese sensacionalismo ya se puede observar en el subtítulo que acompaña al vídeo: “Un profesor les pidió que le masturbaran para conseguir el trabajo”. Está claro que como reclamo a la morbosidad del caso es perfecto.

La periodista, Mercedes Milá, se sumerge en el problema que está tratando hasta tal punto que parece querer convertirse en la voz cantante del programa, en la protagonista, cuando lo cierto es que los protagonistas de Diario de, así como de cualquier otra forma de periodismo profesional, son y deben ser los propios afectados. Y es que tanto la voz como la imagen de Milá están presentes en todo momento, controlando, preguntando y, lo que es más importante, dirigiendo.

Con esto me refiero a sus constantes intervenciones, en este caso concreto, en las entrevistas realizadas al as cuatro jóvenes. Ejemplos de lo que trato de explicar son algunas de sus frases: “¿Y tú por qué no le pegaste una patada en los huevos, como lo habría hecho yo?”. Algo, para mi gusto, muy poco profesional.

También, y dirigiéndose a otra entrevistada, Milá pregunta: “¿A ti qué te pidió?”. La joven afirma que a ella el profesor le había pedido lo mismo que a las demás chicas, y Milá pregunta: “¿Pero te pidió que le masturbaras?”. De nuevo, la joven es escueta y dice solo “”, por lo que Milá vuelve a insistir, guiando la pregunta hacia la respuesta que quiere.

Creo que esta muestra de periodismo se corresponde con un modelo de comunicación conductista. No niego que este tipo de programas traten temas delicados que, por lo general, generan en el público una respuesta de compasión, de empatía con los afectados, de enfado contra los causantes de las desgracias, etc., pero la forma de guiar esos sentimientos está muy sobreactuada y no se rige por una labor objetiva de búsqueda de información. Busca en el público una afinidad medida al milímetro. Insisto que con esto no estoy diciendo para nada que no crea que este caso sea real o esté  intentando echarlo abajo. Me lo creo. Sé que estos hechos tan desagradables para estas chicas han ocurrido. Son reales y por eso mismo opino que se trata de un tema que no hay que tratar tan a la ligera y de una forma tan suelta como lo hace esta periodista.
 

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